Arriba, alto, muy alto, tan alto que con tan solo levantar un dedo no solo tocarías el cielo, si no que conseguirías llegar mas allá.
Por fin parece que consigues contemplar la verdadera luz de sol y es tan perfecta, tan llena de energía que invade cada célula de tu cuerpo, abriendo paso a un sin fin de nuevas sensaciones. Parece imposible que algo así pueda ser real y cuando parece que te has acostumbrado y que consigues entre tanta luz ver los pequeños átomos que forman parte de ese gran astro, de repente, un planeta lo quita de tu vista y a partir de ese momento ya no consigues volver a verlo, todo tu mundo se sume en una oscuridad infinita, insondable, desierta... y desgraciadamente te descubres a ti misma soñando el momento en el que algún tipo de fuerza divina consiga cambiar su órbita y puedas volver a contemplar el sol, tu sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario